25 de Marzo de 2010
Ahí donde está Cantoamérica se arma un crisol. Sino, que lo diga La Sabana.
Hasta ella llegó el miércoles pasado un gentío que no dejó espacio libre en el terreno de aquel parque donde, desde su lago, la formación costarricense fue un recipiente del cual emergían, en fusión perfecta, lo mismo calipsos que boleros; lo mismo música de carnaval que salsas, y ¿por qué no? ¡hasta dejos de ska!
Varias generaciones fueron testigos del tremendo colmillo que en casi 30 años de carrera ha afilado este grupo costarricense que comanda Manuel Monestel.
Es que ahí, sentados en el suelo los más ágiles y buscando sillas los más privilegiados, aplaudían y movían los pies adultos mayores, adultos y gente de menos de 30 años.
No costó para nada aceptar un abrazo en el bolero La madrugada y fue fácil, como los cuerpos ya habían entrado en calor, moverse levantando polvo con el medio cha cha chá a la tica de El caimán de la caimanera. ‘Carnavalear’. Fuertes sonaban los trombones de Marisel Torres, Karla Rojas y Alfredo Chavarría. Y dulce y afinadita iba complementándose la flauta y la voz de Aby Huertas por quien, en uno que otro tema, Manuel Monestel se agachó al cantar para ponerse, divertidamente, a su altura.
Cantoamérica no sufre de amnesia, muy por el contrario: tiene muy buena memoria. Así que, en aquel concierto enmarcado en el Festival Internacional de las Artes (FIA) 2010, no pasó por alto ni la historia afrocostarricense ni la hermandad cultural y sonora con otros territorios y, por tanto, hizo temas del calypsonian limonense Walter Ferguson y alabaron los carnavales con su casi clásico ya On Carnaval Day.
En medio de todo hubo espacio para la cultura urbana y se mandó Cantoamérica hasta con swing criollo. ¡Y siguió levantándose el polvo en aquel parque de La Sabana!
A las 7 p. m. el grupo se despedía. La gente pidió más con las mismas ganas que se lo pide a los artistas de afuera. ¡Ya era hora! “En nombre de los músicos nacionales que son muchos y muy buenos: ¡muchas gracias!, dijo Manuel Monestel.
Recompensó Cantoamérica al gentío con un tema más. Una canción que un viejo bueno le enseñó cuando él vivió en Brasil. Un poco ritual, un buen tanto carnavalesco fue el tema que en medio tuvo el corito de “¡ay mamá Inés, todos los negros tomamos café!”.
Tomado de http://www.nacion.com/